Entry: La primavera trompetera ya llegó (otra vez) Wednesday, March 29, 2006



La primavera es una grácil hada disfrazada de diablillo. O un diablillo disfrazado de grácil hada. Va dando saltitos, aleteando levemente y enseñándonos, cual azafata de feria del automóvil, decenas de regalos que expone en el gran panel del precio justo que es la naturaleza. A veces se pone a girar como loca y aparece ante tus ojos, sonriente,  con un ramo de flores y hierbas frescas y vuela bajo la nariz para que su aroma te embriague. Y se te queda esa cara de gilipollas… Todo parece maravilloso: los árboles, los pájaros –incluso las putas palomas-, las risas de los niños en los parques, esa brisilla a orillas del mar en manga corta…
Pero, de repente, el hada suelta el ramo, se cambia el traje y se pone uno de buzo que no logra esconder sus cuernos, su cola terminada en punta de flecha y el tridente que sobresale de su maravilloso e impermeable bolso de Prada. Se coloca las gafas de bucear y, aprovechando esa cara de gilipollas, se nos mete en la boca y viaja y viaja, sin GPS ni nada, hasta llegar al corazón. Allí busca el cajón de los sentimientos y lo revuelve todo hasta encontrar la llave del cofre del estado de ánimo, lo abre sonriendo maléficamente y lo pone del revés. Y estornudas. Menuda mierda de flores. De los árboles caen cosas, algunas pegajosas; los pájaros no dejan de trinar y no te permiten concentrarte en la lectura. Las palomas son odiosas, digan lo que digan los ecologistas y los enamorados. Y los niños son insoportables, un rato se aguantan, pero más, agotan. Sobre todo cuando son de otro (¡Niño, a tocar las narices a tu madre!). Y se te mete arena en el ojo. Recoges la toalla, la mochila y el libro a zarpazos y sales de la playa maldiciendo; te aparece en el hombro un señor pequeñito, con traje y bombín, que va soltando piiiiiiiiiiiiiiiiis cada dos palabras tuyas, que no se puede ser tan malhablado. Desaparece el señor censor y reaparece el hada, sonriente y rodeada de estrellitas centelleantes, te señala un trozo de césped, verde y brillante, bajo una palmera. Y no puedes evitar tumbarte, abrir los brazos, cerrar los ojos y respirar el aroma de la hierba recién cortada. Todo vuelve a ser maravilloso. Hasta que la primavera vuelva a cambiar de traje.

Así estoy, con unos altibajos anímicos que me llevan arriba y abajo, que me hacen sentir estúpidamente feliz a ratos y terriblemente triste otros. Como todos, supongo. Que os sea leve.

   1 comments

Rafa
April 5, 2006   03:48 PM PDT
 
Hmmm, vaya ensalada de hormonas borrachas. Es típico de la primavera esos cambios de ánimo tan repentinos, déjate llevar y tómate una birra a mi salud en la playa!

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