Entry: La merienda Tuesday, March 07, 2006



Entran tres jóvenes a la cafetería y se sientan en una de las mesas libres; mientras, en la mesa de al lado, un hombre mayor de aspecto desaliñado murmura frases sin sentido. Los chicos han pedido tres batidos: dos de chocolate y uno de vainilla; una tarta de manzana y dos napolitanas de chocolate. Cuando el chico del reloj de oro - falso, falsísimo- se lleva la tarta a la bocaparece no reparar en el brillo artificial y viscoso que la recubre. El chico de los vistosos aros dorados enciende un cigarrillo y le da una profunda calada. El tercer chico, el de las gafas, devora en silencio su merienda sin apartar la mirada de las dos adolescentes de la mesa del fondo. Las niñas se dan cuenta y ríen, burlonas. El chico advierte sus risas y se levanta de golpe, empujando sonoramente la silla hacia atrás y derramando el batido que quedaba en su vaso sobre el plato lleno de migas y manchas de chocolate. El de los estridentes aros dorados y perilla mira al del reloj de oro falso y luego a su enfurecido amigo miope.

 - Carlos, ¿qué haces?- pregunta sin dejar de mirar a uno y a otro.

 - ¡Me cago en la puta!

Carlos, cegado por un odio repentino y visceral, fruto de todos sus odios acallados, camina decidido hasta la mesa del fondo. Las niñas le miran, aterrorizadas. La rubia retira inconscientemente la taza de café con leche y se acurruca en la silla, buscando un cobijo meramente psicológico. La otra niña,la del pelo tintado de rojo, hace ademán de levantarse para salir corriendo, pero Carlos ya está a su altura y se queda de pie, inmóvil. Carlos rebusca en el bolsillo interior de su abrigo marrón, con los ojos inyectados de ira; saca una pistola y, sin mediar palabra, dispara a la cabeza de la niña rubia, justo entre las cejas, apretando el cañón contra la piel para dejar una bonita quemadura enmarcando el disparo. La cabeza de la niña, tras unos instantes de sutil balanceo, cae hacia atrás sobre las salpicaduras de sangre en la pared. Antes de que la niña del pelo rojo pueda gritar, Carlos tiene la pistola apoyada en su frente.

 - Pide perdón.

 - No me...

 - ¡He dicho que pidas perdón!

 -... perdón...

 - ¿Cómo? No te oigo.

 - Perdón.

 - Muy bien, estás perdonada.- Dicho esto, acarició el gatillo y lo presionó suavemente para que la niña pudiera escuchar el "click" que precede al disparo.

La niña- Marina, se llamaba- abrió los ojos de forma casi cómica, miró horrorizada las extrañas figuras que su propia sangre dibujaba sobre los restos de su merienda y se desplomó hacia delante, muerta.

   3 comments

Rafa
March 17, 2006   11:33 AM PST
 
Me gustan más las de trenes. Son más lliterarias ;-)
perramala
March 13, 2006   02:40 PM PST
 
Qué paranoia, eh? ¿No os encantan las cafeterías de las estaciones de autobús? Dan mucho juego... jijiji
Rafa
March 13, 2006   02:30 PM PST
 
Ein? Esto es tuyo?

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