Entry: De-vuelta Tuesday, February 07, 2006



Como dije, he estado el fin de semana fuera; vuelvo relajada, muerta de frío y consciente de mi madurez. Porque aparte de andar entre olivos y ovejas, ponerme hasta las tetas de morcilla y venado –mi conato de veggy a tomar por saco- y alucinar con la cantidad de primos nuevos que descubro en cada viaje, he hecho un ejercicio de tolerancia del que nunca me hubiera creído capaz.

 

Seamos claros: soy una demócrata convencida y creo que cada cual tiene el derecho a pensar lo que quiera y a votar a quien le parezca, pero no puedo entender que alguien que ha estado pasando hambre la mitad de su vida vote a la derecha. Lo siento, nunca lo entenderé. Aún así, estos días he hecho oídos sordos a las barbaridades que, por desgracia, he tenido de que escuchar; he respirado hondo y no le he pegado a nadie. Ay, ya soy mayor…¡qué descubrimiento! Y es que yo hasta ahora pensaba que era mi deber "abrir los ojos" a la gente y comunicarles mi punto de vista, mi verdad, pero… ¿de qué me serviría contarle a alguien, que alardea de haberle dicho a un inmigrante que se vaya a su país si le molesta el humo del tabaco, mi teoría sobre los problemas de la inmigración? De nada, absolutamente de nada. Sería como explicarle a un ciego de nacimiento cómo es el color rojo. Pues, querid@s, hasta hace unos días, yo me hubiera tirado de los pelos de impotencia… hoy me siento madura y tolerante.

 

Otro de mis descubrimientos ha sido la constatación de que el hecho de tener dinero no tiene por qué ir acompañado de criterio, clase y mucho menos de buen gusto y buenos modales. Y diréis: "Tía, con 30 tacos, ¿te enteras ahora de eso?". Pues… es algo que siempre había sospechado, pero hasta este fin de semana no había tenido tantos ejemplos explicativos reales. Por favor, que alguien diga al mundo que los volantes, las flores de plástico y los dorados deslumbrantes NUNCA han estado de moda en decoración de interiores y que la posesión de muñecas con vestido de ganchillo para el papel higiénico debería estar penada con la cárcel. Y que si alguien, en su casa, se sirve una copa de vino y un piscolabis en presencia de sus invitados, debe ofrecerles ese vino y ese piscolabis, aunque crea que no van a tener hambre ni sed. ¿Buena educación o sentido común?

 

Por último, mi descubrimiento final es que, definitivamente, soy adicta al psicoanálisis y a mis estudios sociológicos y que, aunque me dejé el cerebro en casa para viajar –y no sabéis cuánto se agradece de vez en cuando un encefalograma plano temporal-, cuando vuelvo a casa, aquí está mi neurona esperando, sedienta de elucubraciones y teorías personales.

 

Un souvenir:

 

 

 

   1 comments

Rafa
February 13, 2006   04:50 AM PST
 
Jeje, yo lo que te aconsejo, es que cuando regreses a Toledo, no pises esa casa de nuevo, que esa muñeca parece endemoñada.

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